Pedro Crabajal > ESCRITOR
Volver a TEATRO

Crecer ©

Escena 1 > Una empresa, en la Antesala del Director General. Una Secretaria mira nerviosamente cada tanto la pantalla de la computadora y tipea. Un caballero vestido de traje (El Cliente) espera en unos bancos a los costados. Al fondo, a la izquierda, un mutis.

(suena el tel)

Secretaria: Servicios Sociales para la mejor calidad del ciudadano. Si, vendemos teléfonos celulares. Sí, tenemos de todas las marcas y precios. No me diga eso, porque no lo recuerdo…no me diga eso…no…¡¡Ay, boludo, eras vos!! No me hagás esos chistes….casi me muero…¿Cómo me vas a preguntar con quién me acosté anoche?

Un beso. Chau.

Cliente: Señorita, ¿falta mucho para que me atienda el señor Director General?

Secretaria: Un momentito…(toca un comunicador invisible para el público, porque está ubicado detrás de la PC) Señor Brossone, el señor…

Cliente: Pataleta….

Secretaria: El Señor Ataque de Hígado está aquí. ¿Lo hago pasar? Correcto, señor.

Pase señor.

Cliente: Uh, menos mal…ya hace un buen tiempo que me tenía esperando.

Secretaria: Con respecto a eso….no era que él lo tenía esperando…era que yo no le había avisado. Discúlpeme…me matan con este trabajo…gano tan poco.

(Pataleta está por ingresar a la oficina del Director, mientras la Secretaria saca un champagne, y lo pone sobre la mesa. Saca un balde hielera, acomoda el champagne de costado sobre el hielo y )

Secretaria: ¡¡Sí, por fin, viernes!! (Con un control remoto apunta a una pared. La música empieza. Se saca los zapatos y pone las patas arriba de la mesa. Tiene una actitud colectivera, se rasca la panza, se mete un dedo en la oreja. Salen Pataleta y Brossone. Pataleta la mira extrañado. Finalmente se sirve un poco de champagne al tiempo que salen Pataleta y Brossone.)

Brossone: ¡¡Señorita!! ¿Qué es esto?

Secretaria: (escupe el Champagne) Esto es una porquería, señor…esta cosecha…ah…si yo le contara. No tiene el agradable sabor frutado que debe tener un demi-sec. Tiene un sabor chato, metálico, ausente de poesía. De ninguna manera voy a permitir que la bodega de la empresa que usted manda tenga champagnes tan malos.

Brossone: Correcto señorita. Señor Pataleta, lo acompaño hasta la puerta. (lo acompaña a mutis y vuelve). ¿Llegó la carta que estaba esperando?

Secretaria: eh… no se habrá enojado, ¿no? Sí, llegó.

Brossone: Es imposible enojarme con usted, señorita. (Lee la carta) Este es un día magnífico.

Secretaria: ¿Le vendió mucho celulares a Pataleta?

Brossone: No, señorita. Ahora que lo recuerdo, no sé cuál es su nombre. Nunca me acuerdo del nombre de nadie. ¿Me diría su gracia?

Secretaria: Yo soy bastante buena tirando dardos.

Brossone: …cuando le preguntan “su gracia” quiere decir “su nombre” no le están preguntando qué hace bien…por eso no me acuerdo nunca de los nombres. Una vez le pregunté a mi chofer cuál era “su gracia” y me respondió “tirarme pedos en la bañera de su casa”.

Secretaria: Ah, Sabrina me llamo…Sabrina.

Brossone: Sabrina…desde hoy le pido disculpas, Sabrina, porque lo que voy a hacer seguramente va a tener incidencia sobre usted.

Secretaria: (horrorizada) ¡¡Me va a rajar!! ¡¡Me va a pegar una patada en el tujes y voy a aterrizar de nuevo en la calle!!

Brossone: Señorit…Sabrina. No, Sabrina, no la voy a echar, aunque tengo causas justificadas para hacerlo. De plano, esta es la segunda vez en el día que la encuentro intentando emborracharse en mi presencia.

Sabrina: (bambi) Y sí…

Brossone: Luego, hace esperar durante horas a los clientes en esta sala de espera. Muchas veces, si yo no salgo de mi oficina, no me entero que hay gente que quiere comprarnos productos o servicios.

Sabrina: (bambi) Y…sí.

Brossone: Y tan luego, lo peor de todo. Yo no sé de donde carajo sacó usted que nosotros vendemos celulares.

Sabrina: (ídem) Y….s…¿no vendemos celulares?

Brossone: No.

Sabrina: ¿qué vendemos?

Brossone: Computadoras.

Sabrina: Ah…computadoras..

Brossone: Sí. ¿Qué sabe acerca de las computadoras?

Sabrina: (guitarreando) Las computadoras son el futuro…En el futuro, nos vamos a expresar con computadoras.

Brossone: Bien…

Sabrina: (canchereando ya) Son como unos televisores con unos cosos al lado.

Brossone: Bien. Está absolutamente probado por qué debería echarla, Sabrina. Pero no lo voy a hacer.

Sabrina: Ah, ¿no?

Brossone: No, Sabrina. Me voy yo. Dejo la empresa en manos de mi familia, hasta que me decida a venderla, o jugármela al Casino, o yo que sé.

Sabrina: ¿Le gusta el escolaso?

Brossone: No.

Sabrina: ¿Entonces?

Brossone: Estoy bastante harto de esta vida. Estoy bastante harto de vender computadoras. De decir siempre lo mismo. De hacer siempre lo mismo.

Sabrina: No se caliente, Don. Por lo menos, usted está podrido en plata.

Brossone: Si, pero llega el momento de la vida donde uno se da cuenta que la plata no se puede comer.

Sabrina: Ah, pero se puede ayudar con la plata.

Brossone: Claro que se puede ayudar. Yo ayudo tanto como puedo. Pero ni esta empresa, ni la ayuda, ni el señor Pataleta, ni su champagne, ni nada que pase por estos días por mi vida me hace cambiar de parecer. Me voy, Sabrina. Me voy a hacer mi vida.

Sabrina: ¿Quién dijo que acá adentro no puede hacerla? Si hay un montón de gente que tiene plata, que está casada, que vive feliz.

Brossone: Nómbreme a uno.

Sabrina: Bueno..yo no sé de gente con plata. Yo no sé de prácticamente nada, señor. Pero usted debe tener familia, hijos.

Brossone: Tengo familiares. No tengo esposa, no tengo hijos. No hice nada de mi vida más que esta empresa. Y sí, esto es un suicidio. Me estoy matando. Me estoy yendo de la empresa, que es lo único que tengo.

Sabrina: Pero… ¿Adonde se va?

(entra un tipo vestido de traje, con un maletín. Pregunta cómicamente)

Tipo: ¿Acá venden celulares?..

Sabrina y Brossone: (los dos juntos) No.

Tipo: Bueno… (se va)

Sabrina: ¿Adonde se va?

Brossone: A encontrar mi sueño de chico.

Sabrina: ¿Le puedo preguntar cuál era?

Brossone: Se va a reír. Bueno, no importa. Yo ya no soy su jefe. Yo quería ser un super héroe. Uno de esos que escalan paredes, que atrapan criminales, que defienden la justicia. Uno de ésos que tienen superpoderes, amadas, que son los más inteligentes, los mejores, los más humildes. Yo siempre quise ser un súper héroe, Sabrina. Pero nunca pude, porque tuve que trabajar desde muy chico. Vendía huevos por la calle. Y así me fui empleando, fui juntando plata lentamente, y me puse esta empresa que hice crecer con trabajo, con el sudor de mi frente. Pero nunca tuve tiempo de ser chico. Nunca tuve tiempo de ser superhéroe. Nunca tuve tiempo de sufrir un desengaño amoroso. Nunca tuve tiempo de ser yo. ¿Entiende?

Sabrina: (que escucho seria a Brossone) Bien, bien…(se empieza a cagar de la risa mal, se tira al suelo) JAJAJAJAJAJAJAJA….me muero..súper héroe. Que hijo de puta….

Brossone: ¿Ve? Por esas risas yo abandoné mis sueños. Muchas veces se me rieron en la cara. Y me importó, mucho. Entonces dejaba de soñar que escalaba paredes, que perseguía criminales, que vivía una vida de aventuras, y volvía a los balances de sumas y saldos.

Sabrina: Disculpe que me haya reído, ¿no? Pero es muy gracioso.

Brossone: No tengo que disculparla. Yo sé perfectamente que es gracioso. Incluso, más que gracioso, ridículo. ¿Pero sabe qué? Es mi ridiculez. En una de esas, en medio de mi ridiculez, consigo algo que necesito…

Sabrina: (riéndose todavía) ¿Y se puede saber qué necesita?

Brossone: Sentirme vivo. (Sabrina cambia su cara de risa. Se queda impávida y dura al lado de su escritorio.) Bueno, Sabrina…me voy a casa. Desde el lunes esta empresa estará regida por mi sobrino. Espero que tenga suerte con él. Como consejo le digo: Aproveche el fin de semana para saber todo lo que necesita sobre computadoras. Sobre mi escritorio hay una lista de precios, baje a los almacenes y pregunte para qué sirve cada cosa. Anote. Aprenda. En una de ésas, le sirve para conocer la diferencia real entre las computadoras, los celulares y los televisores. (le da un beso en la frente) Hasta luego.

(cierre telón del primer acto)



SUBIR
Volver a TEATRO

TEATRO