| Mi grito mezclado con llanto
quebró la noche eterna.
Nadie me lastimaba,
no tenía marcas,
salvo en el alma.
No había a mi alrededor
hombres armados,
ni montañas por escalar,
ni saltos mortales por ejecutar.
No había más que el silencio
que yo había partido un minuto atrás.
El agua que caía del cielo
se astillaba como un vidrio,
y en mi reflejo vi mi soledad.
Yo, la bestia, el perverso,
el asesino escorpión de mi mismo,
clavándome el aguijón, necesitado
de mi propio veneno para acabar conmigo.
Una luz al final del pasillo.
Otra luz, una roja y cuadrada,
sobre un teclado maléfico,
titila la palabra "suicidio".
¿Game over, final del juego?
¿Para ésto? ¿Para hacer lo que cualquiera haría?
No puedo. Busco entre la ropa sucia
que alguien tiró en un baldío
restos para hacerme un abrigo.
La noche terminará. Siempre termina.
La luz que ilumina desde el final del pasillo,
quizá sea el sol de la mañana,
quizá sean mis antidepresivos.
AULLIDO . Todos
los derechos registrados ©
SUBIR
Volver
a POESIA
|