|
No me gusta andar esperando. Las cosas se hacen o no.
O vivo, o muerto. O liviano, o pesado. O cadáver
podrido, o en formol. Y así.
No me gustan las cosas hechas a medias. Las venganzas
de un rato. Las odio.
Y justo tuvo que aparecer en mi vida Paul Charles ¨Piezas¨
Martin, el playboy de Nueva York.
¨Piezas¨ es un tipo duro de pelar. Antes de
que lo conociéramos, Wilkins, Rita y yo, no llevaba
ese apodo, pero yo lo he determinado de una manera más
bien triste y un tanto sangrienta. No puedo matarlo.
De aquí a tres años recién, será
finado. La gente entretanto dice que será presidente.
Tenía hace dos años muy buen porte, y
no le tenía miedo a nada. Pobre de él.
Saber quienes son tus enemigos te conserva sano y entero.
Se decía por aquel entonces que Martin tenía
un excelente futuro. Es abogado, y de gran renombre
en la ciudad. De tanto renombre, había logrado
hacer aparecer la cara de Wilkins en el noticiero de
las siete, a todas luces, con un cuadro bastante sugestivo
debajo: La peor bosta de la ciudad...debajo una foto
mía que decía: El ayudante de la bosta.
Luego había hecho una denuncia pública
donde se colocaba él mismo en el centro de la
cuestión, defendiendo los derechos humanos (por
los muertos que me cargué desde que trabajo con
Wilkins), los derechos de los animales (por las riñas
de gallos y de perros, las carreras de sapos y mis pulgas),
los derechos de la mujer (por las que no se podía
follar y me follaba yo, supongo).
Estados Unidos es un país de libertades. Sabiendo
esto, miré la cara preocupada de Wilkins y dije:
- Este tipo cree que tú y yo somos abogados,
Wilkins...Nos ha tratado de bosta. Sería conveniente
matarlo.
- Cristo, este tipo está haciendo relaciones
públicas. No podemos matarlo. Todos los jueces
se nos vendrían encima en un segundo. No tengo
ganas de litigar con él. Según supe, quiere
ganarse el cargo de fiscal de distrito. Quiere encerrarme
a mí o a Joel Rimm...No me importa que haga el
maricón de Rimm...no voy a matarlo. Y espero
que entiendas bien esto.
- Lo entiendo perfectamente....pero...aunque sea...
- No, Cristo, nada.
- ¿Un mínimo palo en el culo, para que
deje de hablar? - pedí.
- No, Cristo. No se puede. Soy el más interesado
en desaparecerlo. Pero ahora no. Cálmate.
Pues bien. El tipo no se contentó con la exposición
pública, sino que siguió mandándonos
cámaras, inspecciones de impuestos, y puso la
foto de Wilkins por toda la ciudad.
Yo estaba verde. Mi arma estaba roja. Mi jefe y amigo
estaba tornasol. Y Rita estaba contenta desde hacía
unos días.
Una tarde, Rita venía más alegre que
de costumbre. Cantaba, bailoteaba, se reía. Wilkins
me miró serio. Conocía bien a su esposa.
- Una de dos. O esta drogada, o está follada.-
me dijo.
- ¿Rita, tienes algo de cocaína para
mí?- pregunté desde la oficina, mientras
la dama cerraba la puerta.
- No, Cristo, hace casi una semana que no consumo nada
¿Te hago un sándwich?- me contestó.
- Follada. Y lo peor de todo es que muy bien follada.-
avisé a Wilkins- Tiene ganas de ir a la cocina
y todo.
- Averigua el nombre del finado y has tu trabajo. Déjame
solo, que tengo que revisar unos asuntos.
- OK. (Mierda, me dije como para mí, aunque
creo que Wilkins me escuchó)
Me fui a la cocina, a buscar mi sándwich. Mi
teoría resultó exacta. Rita estaba más
que bien follada, mi sándwich ya estaba hecho,
estaba rico y la muy desgraciada ya estaba limpiando
los cubiertos. Con delantal y todo. Ya era demasiado.
- Rita...dime a quien tengo que matar. Abréviame
el trabajo.
- No es tan fácil esta vez.
- Rita, lo sabré de cualquier forma.
- Es verdad, pero aunque te lo diga no puedes matarlo.
- ¿¿¿Te has acostado con Wilkins???
No, no puede ser
Wilkins me ha dicho que lo mate
ni bien se transforme en un viejo obsoleto.
- No falta mucho para eso.
- Respeto hacia el jefe. ¿Quién es?
- Paul Charles Martin.
- Mierda.
El intocable, se había pasado de la raya. Y
eso se notaba, de la raya había pasado a la boca,
a los pechos y había transitado por todo el cuerpo
de Rita.
Eran las cinco de la tarde del viernes. Yo estaba paralizado,
sin saber que agregar, pero poniendo cara de ¨ otro
más a la cuenta ¨ y ¨ otro menos en el
mundo ¨. Mi cara habitual, vamos.
- Quiero ver como te las arreglas para matarlo - propuso
Rita, riéndose.
- No es algo imposible de solucionar. Ya tengo todo
en la cabeza, perra. No hay intocables para mí,
nena...Despídete de tu amorcito.
- Hace cinco días que follo con él. Si
se han dado cuenta hoy, es porque yo he querido que
se dieran cuenta. Me lo follaré hasta el domingo
y lo dejaré para que tú y tu jefe hagan
con él lo que quieran.
- Mierda.
Salí directo al despacho de Wilkins. Dejé
la cara de seguridad en la cocina.
- Wilkins, estamos fritos- le dije
- ¿Quién ha sido?
- Martin.
- Tienes que solucionar tú la forma de liquidarlo.
Tiene que ser rápido y ahora. Está bien
que me exponga, que me mande sus estúpidas revisiones
fiscales, que pinte mi rostro por toda la ciudad. Es
su trabajo. Pero acostarse con mi mujer no es su trabajo.
- Se ha acostado cinco veces con Rita. Dice Rita que
se acostará con ella hasta el domingo. Toda una
semana.
- Mierda. Eso no pasará. Y tú te ocuparás
de que no pase. Cinco veces
maldición.
Mierda fue exactamente lo que dijo Paul Charles Martin
cuando comenzó a llamarse ¨Piezas¨. Supuse
que matarlo de plano sería echarnos a toda la
bofia encima, así que empecé a matarlo
de a poco. Cinco veces, me dije, cinco partes.
Una noche, hace un año atrás, mientras
salía de un restaurant y caminaba hacia su auto,
tuve que sacar un frasco de éter, embeber un
pañuelo, y metérselo en la boca. Como
el cabrón no se dormía, le partí
el frasco en la cabeza.
Lo llevé donde un matasanos para que le cortaran
una pierna, la derecha. Lo dejé enfrente de su
casa anestesiado todavía y con la pierna metida
en una bolsa de plástico. Según supe,
el idiota realizó un entierro para la pierna,
en el panteón que su familia tenía en
el cementerio de Nueva York. No pudieron reinsertársela.
Lo tuve 24 horas dormido para que eso no fuera posible.
Al tiempo, lo vimos volver al ruedo e implicarnos en
el asunto. No pudo probar nada. Se puso una pierna de
titanio, y al ver inútiles sus esfuerzos, se
volvió un tipo callado.
Hace una semana realicé la misma operación,
pero esta vez lo saqué de un centro de autoayuda,
donde concurría a las charlas de ¨ Hombres
Incompletos ¨, en la sección ¨ Con una
pierna menos también se vive ¨. Ya no me
gasté cincuenta dólares en un frasco de
éter, simplemente lo esperé con un bate
de béisbol. Lo llevé donde el mismo matasanos
y le quite el brazo izquierdo, como para compensar el
peso.
Dentro de un año andará en silla de ruedas
En dos, no se podrá limpiar el culo. Y en tres,
no tendrá más dolores de cabeza.
Sigo preguntándome si Wilkins quiere esperar
tanto tiempo...
EL CRISTO. Todos
los derechos registrados ©
SUBIR
Volver
a GRAFICA Y COMICS
|