Pedro Crabajal > ESCRITOR
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EL CRISTO / Kiddo Gantman ©

Deber un favor no es un asunto simple en Nueva York. A veces, es preferible deber un riñón que un favor. Yo le debía un favor a Charles "Kiddo" Gantman.

Le decían "Kiddo" porque era el único ser del mundo de cuarenta y nueve años capaz de pasar por un chico de quince. De hecho, ése había sido su primer trabajo, a los treinta, antes de ser dealer en los colegios, dealer en los Seminarios Religiosos, dealer en los jardines de infantes. No exagero si digo que desde Kiddo empezó a vender las terapias de recuperación para adictos empezaban en neonatología. Ah, me olvidaba, también vendía entre funciones de su circo. Yo iba seguido a ver el espectáculo.

Recuerdo que su madre era tan pequeña y desmañada como él. Lo había incitado a trabajar desde joven, pero Kiddo no era un hueso fácil de roer: era un vago. En el barrio corría el rumor de que Kiddo no se tiraba pedos por no fruncir el culo. Su predisposición natural a no hacer nada lo convertía en una especie de parásito; la juventud de su cara y su cuerpo, lo hacían parecer un parásito joven. Una vez, andaba yo por ahí, matando el tiempo con un fulano, al que estaba por darle el tiro de gracia. Me cayeron los polis cuando estaba soltando el esquife para irme, dejando el barco a punto de hundir…Ah…esto de las metáforas me encanta. Por cierto, si alguien sabe el significado de lo que acabo de escribir, que me lo traduzca y me lo envíe. Gracias.

La verdad es que a Kiddo no le salían las cosas bien. Su madre, para colmo, insistía en comprarle ropa para Teens. Allí andaba Kiddo, vestido con nikes, banjees y una remera de los Lakers…Parecía un payaso.

Sin embargo un día…

- ¡¡Deténgase, asesino!! - gritaron los polis.

- ¿Qué? - respondí.

- Que se detenga. A usted no, no sea idiota. – me gritaron. – tírese al suelo, que ese niño tiene un arma.

-¿Qué niño?

- Hijoputa, me debes un favor. – escuché, a unos diez pasos de mí. Sosteniendo una cuarenta y cinco más grande que su cabeza estaba Kiddo Gantman.

Evalué rápidamente la situación. Yo tenía a mis pies un fulano ensangrentado, con sus diez dedos metidos en el culo, incapaz de hablar (yo le había sacado la lengua). A veinte metros, dos polis apuntándole a lo que ellos creían un chico de quince años. A mí parado en el medio, con un arma escondida detrás de mi pierna derecha. Era un duelo a la mexicana.

Saqué el arma rápidamente y acabé con los polis. Luego, sin mucho respeto, agarré a Kiddo por la oreja y lo senté en una caja.

-¿Qué carajo quieres, imbécil?

- Mi favor.

- Ahora no puedo. Estoy en medio de un trabajo. ¿No te das cuenta? Me complicas la vida, me sigues a todos lados. ¡¡Pareces una niña!! ¿Eres hombre o que?

Kiddo empezó a hacer pucheros, y finalmente, se largó a llorar con todos los huesos. Ah…los niños que lloran…Un momento.

- ¡¡Idiota, tienes cuarenta y nueve años!!! ¡¡Eres más viejo que Michael J. Fox!!

- Perdón…pero tu sabes…lo necesito.

- Bien, bien…hagamos lo siguiente. Termino con este fulano sin lengua y voy a buscarlo. Pero debes prometerme que no me vas a molestar más. ¿Estamos?

- Ok. Gracias Cristo… - me dijo sonriéndome.

- Me cago en tu gratitud infantil, Kiddo. – dije, y mandé al fulano al otro mundo.

Esa misma tarde fui a la galería de arte. Una rubia impresionante me sorprendió al lado de una escultura. Como estaba poco acostumbrado a transitar por esos lugares, me disfracé. Bastaron unas gafas. Con un léxico correcto, un traje más o menos limpio y unas gafas, cualquier asesino se transforma en crítico de arte.

- ¿Admirando la obra, señor? – me preguntó la rubia.

- Admirando las obras – dije, piropeándola.

- ¿Cuál le gusta más?

- Esta que tengo al lado. – dije, afectando inteligencia.

- Eso es un matafuegos, señor.

- Vaya…debo ir a buscar matafuegos más seguido…¡¡¡Que belleza de rojos!!! ¡¡Que cinta de seguridad!!! ¡¡Que culo tiene usted, señorita!!

- ¡¡Señor!!

- Bueno, pero yo no estoy aquí para acostarme con usted exclusivamente. Ando buscando el dibujito…

- ¿Qué dibujito?

- El del tipo que tiene varios brazos adentro del círculo….

- ¿El Da Vinci?

- Ecco. ¿Lo tiene?

- ¿Si, quiere verlo?

- Exacto.

Pues bien. Me llevaron delante del Da Vinci o como se llame. Los pintores están todos locos. Bueno, me dijeron que el tal Da Vinci llevaba mucho tiempo de muerto. Se lo tenía merecido. Había dibujado más o menos esto (dibujo). Pero bueno, favores son favores. Poco tardé en meterme debajo de un brazo al Da Vinci y debajo del otro, a la rubia.

- ¡¡Suéltame, mierda!!

No les voy a contar mi aventura con la rubia, pero les aseguro que tiene secuelas irrepetibles.

- ¿Oye, Cristo, por qué tienes toda la cara arañada? (Kiddo)

- No te voy a contar mi aventura para conseguir tu puto dibujito, Kiddo. Aquí lo tienes.

- Gracias.

Y allí mismo, el muchachejo, se puso a armar un avioncito y lo tiró por el aire. El planeador hizo un dibujo en el aire, y fue a depositarse lentamente sobre una cloaca, deshaciéndose lentamente. Ah…la infancia…bueno, ya se que es un tipo grande, pero esas cosas me emocionan.




EL CRISTO.
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EL CRISTO > Ilustración de Mariano Ures ©