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Deber un favor no es un asunto simple en Nueva York.
A veces, es preferible deber un riñón
que un favor. Yo le debía un favor a Charles
"Kiddo" Gantman.
Le decían "Kiddo" porque era el único
ser del mundo de cuarenta y nueve años capaz
de pasar por un chico de quince. De hecho, ése
había sido su primer trabajo, a los treinta,
antes de ser dealer en los colegios, dealer en los Seminarios
Religiosos, dealer en los jardines de infantes. No exagero
si digo que desde Kiddo empezó a vender las terapias
de recuperación para adictos empezaban en neonatología.
Ah, me olvidaba, también vendía entre
funciones de su circo. Yo iba seguido a ver el espectáculo.
Recuerdo que su madre era tan pequeña y desmañada
como él. Lo había incitado a trabajar
desde joven, pero Kiddo no era un hueso fácil
de roer: era un vago. En el barrio corría el
rumor de que Kiddo no se tiraba pedos por no fruncir
el culo. Su predisposición natural a no hacer
nada lo convertía en una especie de parásito;
la juventud de su cara y su cuerpo, lo hacían
parecer un parásito joven. Una vez, andaba yo
por ahí, matando el tiempo con un fulano, al
que estaba por darle el tiro de gracia. Me cayeron los
polis cuando estaba soltando el esquife para irme, dejando
el barco a punto de hundir
Ah
esto de las
metáforas me encanta. Por cierto, si alguien
sabe el significado de lo que acabo de escribir, que
me lo traduzca y me lo envíe. Gracias.
La verdad es que a Kiddo no le salían las cosas
bien. Su madre, para colmo, insistía en comprarle
ropa para Teens. Allí andaba Kiddo, vestido con
nikes, banjees y una remera de los Lakers
Parecía
un payaso.
Sin embargo un día
- ¡¡Deténgase, asesino!! - gritaron
los polis.
- ¿Qué? - respondí.
- Que se detenga. A usted no, no sea idiota.
me gritaron. tírese al suelo, que ese
niño tiene un arma.
-¿Qué niño?
- Hijoputa, me debes un favor. escuché,
a unos diez pasos de mí. Sosteniendo una cuarenta
y cinco más grande que su cabeza estaba Kiddo
Gantman.
Evalué rápidamente la situación.
Yo tenía a mis pies un fulano ensangrentado,
con sus diez dedos metidos en el culo, incapaz de hablar
(yo le había sacado la lengua). A veinte metros,
dos polis apuntándole a lo que ellos creían
un chico de quince años. A mí parado en
el medio, con un arma escondida detrás de mi
pierna derecha. Era un duelo a la mexicana.
Saqué el arma rápidamente y acabé
con los polis. Luego, sin mucho respeto, agarré
a Kiddo por la oreja y lo senté en una caja.
-¿Qué carajo quieres, imbécil?
- Mi favor.
- Ahora no puedo. Estoy en medio de un trabajo. ¿No
te das cuenta? Me complicas la vida, me sigues a todos
lados. ¡¡Pareces una niña!! ¿Eres
hombre o que?
Kiddo empezó a hacer pucheros, y finalmente,
se largó a llorar con todos los huesos. Ah
los
niños que lloran
Un momento.
- ¡¡Idiota, tienes cuarenta y nueve años!!!
¡¡Eres más viejo que Michael J. Fox!!
- Perdón
pero tu sabes
lo necesito.
- Bien, bien
hagamos lo siguiente. Termino con
este fulano sin lengua y voy a buscarlo. Pero debes
prometerme que no me vas a molestar más. ¿Estamos?
- Ok. Gracias Cristo
- me dijo sonriéndome.
- Me cago en tu gratitud infantil, Kiddo. dije,
y mandé al fulano al otro mundo.
Esa misma tarde fui a la galería de arte. Una
rubia impresionante me sorprendió al lado de
una escultura. Como estaba poco acostumbrado a transitar
por esos lugares, me disfracé. Bastaron unas
gafas. Con un léxico correcto, un traje más
o menos limpio y unas gafas, cualquier asesino se transforma
en crítico de arte.
- ¿Admirando la obra, señor? me
preguntó la rubia.
- Admirando las obras dije, piropeándola.
- ¿Cuál le gusta más?
- Esta que tengo al lado. dije, afectando inteligencia.
- Eso es un matafuegos, señor.
- Vaya
debo ir a buscar matafuegos más
seguido
¡¡¡Que belleza de rojos!!!
¡¡Que cinta de seguridad!!! ¡¡Que
culo tiene usted, señorita!!
- ¡¡Señor!!
- Bueno, pero yo no estoy aquí para acostarme
con usted exclusivamente. Ando buscando el dibujito
- ¿Qué dibujito?
- El del tipo que tiene varios brazos adentro del círculo
.
- ¿El Da Vinci?
- Ecco. ¿Lo tiene?
- ¿Si, quiere verlo?
- Exacto.
Pues bien. Me llevaron delante del Da Vinci o como
se llame. Los pintores están todos locos. Bueno,
me dijeron que el tal Da Vinci llevaba mucho tiempo
de muerto. Se lo tenía merecido. Había
dibujado más o menos esto (dibujo). Pero bueno,
favores son favores. Poco tardé en meterme debajo
de un brazo al Da Vinci y debajo del otro, a la rubia.
- ¡¡Suéltame, mierda!!
No les voy a contar mi aventura con la rubia, pero
les aseguro que tiene secuelas irrepetibles.
- ¿Oye, Cristo, por qué tienes toda la
cara arañada? (Kiddo)
- No te voy a contar mi aventura para conseguir tu
puto dibujito, Kiddo. Aquí lo tienes.
- Gracias.
Y allí mismo, el muchachejo, se puso a armar
un avioncito y lo tiró por el aire. El planeador
hizo un dibujo en el aire, y fue a depositarse lentamente
sobre una cloaca, deshaciéndose lentamente. Ah
la
infancia
bueno, ya se que es un tipo grande, pero
esas cosas me emocionan.
EL CRISTO. Todos
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