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El Ingeniero Bichicome Colo, había
hecho un descubrimiento inútil. Algunos lechuguinos,
(que son muchos, porque a la gente no le queda otra
que pensar que es diferente al resto), sostienen con
cara enojada que ningún descubrimiento es inútil.
A ésos indiferentes, el Ingeniero Colo los invitaba
a leerse todos los tomos de El Capital de
Marx, para ver si los descubrimientos eran inútiles
o no. No era porque Colo fuese comunista, sino más
bien porque era un tipo jodido, al que le gustaba ver
como huía la gente de su rancho, echada por sus
malas maneras y por sus peores olores.
La cultura popular y también yo mismo (yo también
pertenezco a la cultura popular y soy, desde luego,
un lechuguino que también se cree diferente)
sostiene que El Ingeniero pasó a ser Bichicome
en cuestión de unas semanas: el tiempo exacto
que tardó su novia, Cecilia de Novacourt, en
morirse. En la otra vereda está el propio interesado:
el Ingeniero Bichicome Colo, que sostiene su
teoría con una resignación que parece
una venganza, pero sin ningún tipo de orgullo
por haberla descubierto.
- Puras habladurías, compañero
me dijo el Ingeniero Bichicome cuando lo entrevisté
en su ranchito pobre de la playa La oreja de negro.
Era una hedionda pieza hecha de barro y juncos trenzados
que jugaban el papel de techo, sin gas, sin agua corriente,
sin luz. Era una de ésas que en Cabo Polonio
salen un millón de dólares y son descriptas
en los avisos para viajeros como habitación
agreste, con una vista tal que la transforma en un ambiente
ideal para convivir con la naturaleza
Por lo menos la última parte del anuncio es
verdad, porque Colo convivía con la naturaleza:
se levantaba al alba, se iba a dormir al crepúsculo,
se moría de frío en invierno, y utilizaba
como baño privado el anchísimo Río
de la Plata. Porque según él, el hombre
no necesita mucho para ser feliz, y el camino del hombre
común hacia la felicidad, ese duro trajinar de
los días y de las cosas es simplemente puro
grupo.
El Ingeniero-Bichicome Colo me pasó un mate
y me contó su secreto para que le saliera tan
rico y tan espumoso. Nunca lo lavaba, y el sabor se
concentraba de tal manera, que el mate se terminaba
partiendo al medio. Cierto es que en veinte años
viviendo en la playa, ya había gastado tres veces
esa cantidad calabazas para mate, pero Colo tenía
una disposición natural para fabricar mates perfectos,
con incrustaciones de cosas que iba encontrando tiradas
por la calle, o con grabados hechos a mano con alambres
de acero. En casa tengo uno de sus mates, pero a diferencia
del Ingeniero Bichicome; nosotros , siempre que
el mate está sucio, le pegamos una lavada.
Pero el motivo de mi entrevista para Radio Real no
era averiguar sobre la fama de susmates, puntuales,
calientes y siempre con una espumita cuyo génesis
no pretendo imaginar ahora, sino la causa de su Bichicomez,
Bichicomiatura, o como se llame esa forma de vida que
practica el Ingeniero Colo.
- Amigo
la causa de todo no fue aquella mujer
me dice sin nombrarla, como agarrando su recuerdo
con guantes La causa de todo fue el descubrimiento.
Por supuesto, es un descubrimiento tan menor que no
causa el mínimo asombro, ni la mínima
convicción. Algún día las personas
por ahí se darán cuenta, mi amigo, que
la vida está llena de cosas simples, y que el
complicado es uno.
Le pedí que me contara sobre su descubrimiento.
Aceptó, pero se negó a hacer una baseteórica
seria sobre el descubrimiento, y me dijo que debía
contentarme con elempirismo más absoluto e inapelable,
utilizando como método el inductivismo: en este
caso, el empirismo era él mismo y yo debía
inducir que todos los hombres del mundo o casi todos
(menos los linyeras por elección como él)
estaban equivocados.
- Yo tenía una carrera y buen futuro por aquellos
años. Como todos saben, y además dicen,
yo tenía una novia y estaba arreglado para casarme
con ella. Bueno, también todos saben lo que pasó:
tuvo un accidente y falleció. Antes de casarme
con ella yo ya tenía ganas de largar todo, porque
antes de empezar la carrera me sentía mancado,
o para decirlo en el castellano ampuloso que le gusta
a usted, estaba harto: eligiendo la carrera que a mí
me gustaba y a mi entorno, a mi mujer y a mis cosas,
no era feliz. Mis amigos me daban fuerza y me pedían
que no abandonase todo, porque tenía una buena
causa: mi futura esposa y mi futura familia, además
de mi buen nombre y honor, por supuesto. Además,
yo ya estaba metido en la comisión de la construcción
del puente Colonia Buenos Aires,
cobrando sueldo. Hace poco, uno de mis compañeros
se jubiló gracias a esa comisión.
me confesó, sonriendo el Ingeniero - Bichicome.
- O sea, usted siempre tuvo la idea de vivir así.
Bueno, pero cuénteme su teoría, desarróllemela
para que yo pueda entenderlo.
- Tranquilo. Las teorías tienen que ver con
los hombres, compañero. ¿Cómo va
a estudiar a un filósofo si no conoce su historia?
No tiene sentido, porque en los hombres que piensan,
la teoría pensada es disparada por su propia
vida. Por supuesto que hay teorías mucho más
populares, que tienen que ver con otro pensar.
Pero estamos en Colonia y esas teorías no nos
interesan. Además no es desde siempre
, que yo pienso así, sino desde que aplicaron
en mí ciertas acciones que le voy a contar ahora.
Le dio una larga chupada a su mate de medio kilo de
yerba, y recién allí por fin comenzó
a largar el rollo. Según su teoría, al
ser humano, el trabajo lo denigra. Aterrado por una
idea tan revolucionaria, le pregunté como había
llegado a esa conclusión:
- Fácil. Tome usted un ser humano con esperanzas,
a eso de los dieciocho años, cuando sale de la
UTU. O mejor todavía, tome usted un ser humano
recibido, a los veintiséis años, como
me recibí yo. Déle un trabajo en un lugar,
y quémele las esperanzas, como hacen con nuestra
juventud. Dígale no cada vez que tiene una idea.
Dígale no cada vez que le traiga un proyecto.
Aplauda la estupidez. Aplauda la burocracia. Cóbrele
un precio imposible si quiere estudiar, ser distinto.
Disfrute negándole posibilidades, quítele
de a poco la fuerza. Ese ser humano se sentirá
solo, abrumado, incapaz. En cuanto una morocha más
o menos pasable le de bola, se pondrá de novio,
y de un día para otro, lo verá cargado
de hijos, con problemas, con hipotecas, corriendo, para
ver si puede parecerse a los otros y cambiar el auto,
o comprarse uno de esos telefonitos que se usan ahora,
sin tiempo para preguntarse acerca de su propia felicidad.
- Pero eso tiene que ver con el capitalismo.- interrumpí
y me lamenté, porque realmente lo había
interrumpido.
- Capitalismo
no me haga raír, como decía
mi abuela. Vamos al otro extremo dentro del mismo caso.
Tome usted al mismo hombre, y acéptele todo lo
que le propone. Hágalo exitoso. Hágalo
ganador. Déle la mujer más linda de toda
la milonga. Déle plata, status, conexiones, seguridad.
Si el tipo consigue sostener todo eso, terminará
loco, si no termina metiéndose un tiro entre
ceja y ceja cuando todo se le caiga. O tome usted al
hombre en el comunismo. Déle apenas lo que necesita
para vivir. Fomente una incapacidad inmoral, y para
peor, capacítelo hasta niveles insoportables:
hágalo tragar todos los libros que quiera, hágalo
súper médico, súper abogado, superexperto
en computación. Déle un sueldo miserable,
y una cuota de alimentos, como a cualquier indigente.
Lo más probable es que su súper médico
se haga bailarín, y en una gira junto a José
Felipe y los rumberos de Cuba pida asilo en la
embajada de Vietnam, y termine atendiendo apestados
por doscientos dólares al mes. ¿Y todo
por qué? Por el trabajo. Porque el hombre tiene
que trabajar, ¿para alcanzar qué? No lo
sé.
- Sobrevivir es una buena respuesta a su pregunta.
- Justamente. Míreme. Yo soy la prueba de que
su respuesta es equivocada.
- ¿Y si todos fueran linyeras? ¿Quién
les daría de comer?
- ¡¡A mí nadie me da de comer!!
renegó, pegando un talerazo sobre un cráneo
de vaca - ¿O trajo usted la yerba, mocito?
- En su teoría quedan afuera los artistas. Muchos
artistas hacen lo que quieren, viven como quieren, y
sin embargo
- Y sin embargo la tasa de suicidio entre los artistas
sigue siendo alarmante.
Además, ¿qué artistas llegan?
¿Los buenos? ¿Los malos? Según
Oscar Wilde no existen los libros malos, sino los libros
mal escritos. Pero oiga, ¿usted leyó a
Kafka?
- Si, y me encanta.
- Qué carajo de bueno tiene La Metamorfosis
, me quiere decir? me gritó exaltado.
- ¿Está correctamente escrito? Sí.
Y sigue siendo un libro insoportable.
- Bueno, es una obra de fama mundial
- traté
de conciliar.
- Mil millones de moscas no pueden estar equivocadas
al tirarse desesperadas sobre una bosta de vaca. Mi
amigo, mire
ser artista no es trabajo.
- O sea, las obras de Bach son malas porque son populares.
Y a Bach no había que pagarle porque lo suyo
no era trabajo interrumpí exaltado.
- ¿Son populares? Mire usted
Llueve sopa
y yo con un tenedor. se burló Colo.
Tráigame cinco personas que escuchen a Bach
- ¿No es usted un poco drástico? ¿No
está el mundo conformado de pequeñas victorias
y pequeñas derrotas? ¿No tiene escala
de grises, usted?
- ¡¡El Mundo es blanco o negro, caballero!!
¡¡No se puede vivir entre grises!! ¡¡El
mundo está así por la bendita escala de
grises!! Dijo, gritando, con el talero levantado.
Por un momento creí que iba a pegarme. Pero se
serenó - Volviendo a nuestro tema, nuestro individuo,
harto de la vida, se pregunta a los noventa años
¿Qué hice de mi vida? ¿Por qué
no trabajé un poco más y tuve un chalet?
- La otra opción sería que el mismo individuo
se pregunte ¿Por qué no toqué más
la arena de la playa La oreja de negro?
dije, sobrándolo un poco.
- Es posible que todos nos preguntemos cosas distintas.
Seguramente, antes de morir yo me preguntaré
muchas cosas. Pero una de las cosas que seguramente
no voy a preguntarme, es si viví. Si, viví.
Eso lo sé. Y no tengo la necesidad de enumerarle
para que usted me crea.
- No. Seguramente ha vivido. De eso no tengo dudas
dije, señalando al cráneo de vaca.
- El abigeato no existe. La vaca es de quién
la encuentra. dijo sosteniéndome la mirada,
seguro de si mismo. Harto ya de un tipo tan altanero
para la propia defensa de su modo de vida (después
de todo, la entrevista se realizó en su miserable
casa, delante de su miserable pava
que ardía en su miserable fuego hecho a base
de bosta de vaca, madera mojada y juncos secos), decidí
ir definiendo la entrevista, ya con ganas de ganar la
puerta, y q me encontrase San Jorge si era santo.
- Cuénteme, y al final
¿cómo
cambió de vida?
- Al final, cuando
cuando falleció esta
señorita
- se entrecortaba al hablar
me mi cuenta que yo tenía razón, y que
la vida no tenía sentido. Entonces me vine para
acá a vivir, y dejé todo, para que otros
aspirantes a sueños quemados lo sufrieran.
Yo lo tuve todo, compañero. Tuve el trabajo
del que se siente denigrado, cuando estudiaba, y tuve
el trabajo del gavión, que anda levantando plata
sin hacer nada.
Tuve la suerte de encontrar a la morocha que me daba
bola cuando estaba solo, y a la más linda del
baile, con la que me iba a casar. A los veintiocho años
ya había vivido lo suficiente como para darme
cuenta que la vida es puro grupo, que el trabajo es
puro cuento, y que si vamos a sufrir, por lo menos tomémonos
el trabajo de sufrir en serio. Esa es mi modesta teoría.
- Tiene usted razón, Colo
Usted tuvo mucha
suerte dije, y lo miré.
Al rato me fui de aquél lugar, a escribir esta
historia. Tenía en el corazón una mezcla
de odio y nostalgia, hasta que delante de la máquina,
una luz cegadora, un disparo de nieve, o lo que sea,
me hizo reflexionar. Me di cuenta del trasfondo y sonreí:
la obstinada negación del Ingeniero-Bichicome
Colo a hablar de su novia muerta, me hizo comprender
que él todavía no había podido
recuperarse de la pérdida y que se había
contado una historia para poder sobrevivir, y se la
había creído. Y sonreí con toda
la boca: la historia que cuentan las señoras
mientras barren la vereda, es, en parte, cierta.
Después de todo, yo también había
hecho un descubrimiento inútil.
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