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La esposa del Teniente General ©

A Mis viejos, y a la casa de mis viejos

No puede ser otra vez, esa nena insolente tocando el timbre para hacerme perder la paciencia, estoy segurísima de que toca para que la insulte. Así son todos los de los medios, vienen, la hacen perder a una la paciencia, una dice un exhabrupto y sale por todos los canales. Ah, pero no, no van a titular ¨La esposa del Teniente General insultando a una periodista¨, eso no va a ocurrir. Que mal educada, Dios santo, que nenita malcriada e irrespetuosa. Cuando salí para el súper me puso el micrófono con una actitud que sentí que me lo iba a atravesar en la garganta. ¿No tenemos bastante pesar con mi marido injustamente encerrado por defender la patria?

Igualmente, le dije que no fuera desubicada, que me dejase pasar, y me miró la muy idiota con un rictus dibujándose en sus labios. Sos periodista nena, pero apuesto mi camino al cielo a que no sabés que es un rictus. Les falta educación a los jóvenes de hoy, les falta roce social, son todos una manga de desaliñados e informales. Ah, pero la dejé pagando y me fui para el súper, quedate con el micrófono en la mano haciendo tus caritas de cirscunstancias adelante de la cámara importada.

En el super me siento tan tranquila, soy una más, entre las góndolas, las luces, los precios. Soy una más en la fila, aunque a veces, algún nene resentido por haber mejorado su vida, venga a decirme que soy la esposa de un tal por cual, que tendría que matar a mi marido. Odio esos días, y odio a esos nenes. Si Dios me escuchara un poco más y si Jorge hubiese llevado a cabo todo su plan de mejora para el país, esta realidad sería otra, yo viviría más cómoda, podríamos ir a el Trapiche a veranear, podríamos salir juntos a la Iglesia, podríamos colaborar en la misa, podríamos ser dos auténticos próceres. Él por su trabajo para la Nación, yo como respaldo de su trabajo, como la vez que tuve que bajar no se cuantos quilos para ser primera dama. Pero este país se empeña en festejar a una pareja de ladrones muertos y embalsamados, que trajeron a toda la negrada inculta del interior, se empeña en festejar a la puta que tenía por esposa un general mediocre, de calificaciones menores, sin brillo, en vez de festejar a una pareja viva y saludable.

¡Que me lo digan a mí ! Jorge tuvo que presentarse a declarar y se puso a correr en la cinta para estar en estado. Es increíble a sus setenta y un años que siga corriendo en la cinta como un adolescente. Nunca saldría a correr por la calle, aunque muchos con prisión domiciliaria lo hacen, se mofan de los preceptos de los idiotas que ostentan cargos de jueces.

Jorge me dijo : Es verdad, son idiotas, pero representan a la Justicia. Jorge ni siquiera sale al balcón a pegar una espiadita. Cada oportunidad que ve la calle se pone triste.

Luego de volver de declarar, Jorge me dijo que nunca más, que un té y que su plan. Yo salí al super a hacer las compras, un poco con miedo, pero nadie se dió cuenta.

Caminando para el súper me ha parecido que la ciudad estaba bella. Distinta. Las tardes de Buenos Aires son mas o menos todas parecidas, pero esta tarde estaba algo cambiada. Me aseguré de comprar todo lo que necesitaba (unos vasos y una botella del pésimo whisky nacional, Jorge bebe del de afuera, pero comprende los ritos), y caminando despacio, me fui fijando en los edificios de Belgrano, mirando las veredas rotas de Cabildo, con algo de pena y ganas de que el día se pareciera a todos los demás días.

Los días era distintos antes. A pesar del dolor de lo de Nico, de la pérdida de Nico, de Nico golpeando a sus hermanas, eternamente insomne y violento, de Nico internado en la clínica de dementes de Montes de Oca, del ocultamiento de la situación de Nico, estoy segura que los días eran otra cosa. Nico nos consumía parte del tiempo, Jorge, en el poder, los chicos creciendo con sus cosas, yo ocupada en ser madre y en ser primera dama, bajando de peso, probándome trajes, acompañando a Jorge a Washington, a la cancha de River a ver el mundial, comprando lo necesario para la noche de Navidad, eligiéndole los trajes, las corbatas, para que nadie tuviera que decir que el presidente era un tipo desaliñado y sucio.. Y antes de eso, cuando éramos apenas dos jóvenes, cuando veranéabamos en el Trapiche y de casualidad nos encontrábamos…

El recién salía de la Escuela militar de la Nación. Me parece verlo, con su bigote fino, verlo flaco, alto, recto, con esa postura militar que supo mantener aún en nuestros peores momentos, aún en la muerte de nuestro hijo. Su hombría me cautivó siempre, su fuerza interior, el no quebrarse jamás. El estar siempre al tanto de todo, siempre sobresaliente, siempre implacable. Me parece verlo pidiendo mi mano a mi padre, solicitando en el ejército la autorización para casarnos, me parece verlo por primera vez desnudo, con una mezcla de excitación y vergüenza, me parece besarlo por primera vez, accediendo a su pedido de un beso. A su manera fue un romántico conmigo, fue dulce, soñador. Nunca dejó de soñar con darle a la familia un destino mejor que el que su padre, teniente de grado, le dio a él. Él siempre ha llevado los destinos de nuestras vidas, ¿Por qué no iba a llevar tan firmemente el destino de nuestra Nación?

Conversando con Jorge, he sentido que era un nuevo acto de obligación hacerlo, matarlos para siempre es un asunto que concierne a todos los argentinos, a todos los hijos de Dios del País. Alguien debería hacerlo por nosotros, pero nadie ha tenido la valentía suficiente, y Jorge, harto ya de esperar tanto, me dijo que iba a hacerlo porque en su vida nadie lo había ayudado y siempre había tenido que mandar él. Como se sentía de nuevo en a cargo, iba a matarlos.

Me dio un poco de miedo al principio, lo confieso. ¿Y si eso nos metiera en algún lío después, y si no resultara?

Yo me pregunto a veces si no se dan cuenta de que Jorge nos ha salvado a todos. Ha salvado al papá de la señorita que me ha invadido en la puerta de casa, a muchos otros papás, al chico que me insulta en el súper, a la familia argentina, a la cristiandad. Ha hecho los cambios más notables en el país, con amor y con dureza, ha sido Padre y Presidente, y Pueblo, y Paz, para los hombres de bien, que se meten en su vida y saben cuidar a los suyos. Tantas pe mayúsculas, me conmueven. Jorge ha ganado una guerra. El enemigo está casi muerto. Ahora, tenemos que sufrir juntos, para terminar de matarlo.

Resulta que ahora son todos zurdos. Estoy casi segura que el papá del muchacho o de la pseudo periodista, cuando Jorge estaba en el poder, hubiese dado cualquier cosa por colaborar, por cebar mate en la oficina de Jorge, por barrer el piso, pero la nena le salió con ideas torcidas, que se va a hacer. Me dan ganas de contarle a todas aquellas zurditas que me insultan el honor que hubiese representado tocarle la mano al Teniente General para su papá. Esa gente no entiende nada, no tiene valores.

No sé que más quieren los argentinos. Ese nene, que me insulta en el súper con distintas caras, quizá ha sido criado por un cabo, o un médico, o un comisario. Jorge ha cuidado que tenga padres que lo amen, que incluso lo elijan. Sin ellos habría muerto. Con otros padres, también. La Argentina, antes tan gris, se ha transformado en un país pujante. La mayoría de la gente habla dos idiomas. Podés comprar un auto con monedas. Levantas el teléfono y te traen comida a casa. Vivimos en un país cómodo, con gente que quiere invertir en nosotros. Eso lo logró Jorge, cuando traía a las empresas y les prometía un país tranquilo. Y se los dio.

Es verdad que la gente no tiene trabajo, pero eso es culpa de los gobiernos posteriores, que dejaron entrar a esos negros de Bolivia, de Paraguay, de Perú, a los sucios e irrespetuosos chilenos, a los podridos uruguayos. Gente que no tiene honor, que vende su trabajo por dos pesos. Y los argentinos, que dejan que eso pase. Que horror. Si Jorge mandara todavía, cerraría las fronteras y los mandaría de nuevo a sus paisitos de morondanga. Matarse el hambre acá, y de la Rúa que no hace nada. Se podría dar cuenta y cambiar el prólogo de la Constitución, "a todos los que quieran habitar el suelo argentino, con derecho de admisión y permanencia".

A veces me gusta ver las manifestaciones, porque esa gente no tiene cara ahora, pero Jorge, sabía adivinar las caras en las manifestaciones. Sabía quien era quién, y que hacía esa persona. De la Rúa no entiende el juego, no barrunta quién es quién, no tiene gente que confíe en él. Menem era otra cosa. Me hacía acordar a esos civiles gentilísimos, que se vestían muy bien, y entendía para que sirven y por qué están donde están las armas. Tuvo que sacar el servicio militar, pero yo se muy bien que no quería. Yo lo sé muy bien.

No hemos aprendido el duro trabajo de ser argentinos, de ser bonaerenses, y tener que dominar un país, resueltamente poblado por ignorantes. Recuerdo que Jorge me contó que en una ocasión se había maravillado porque en una escuelita del interior, un negrito le dijo: Comment ca va, mon Gèneral? y el vino de ese viaje contentísimo, me dijo que algunas cosas eran posibles, y educar era posible, siempre que se dejasen educar. No solo dar amor, sino también recibirlo. El negrito diciendo: Comment ca va, mon Gèneral?, me muero de amor, me lo como a besos. Ese negrito, es menos negrito. Tiene ganas de ser otra cosa, que es la única forma de superarse.

Tengo que traer algunas pastillas. El doctor Bertrando, uno de los pocos patriotas vivo y con agallas suficientes para decir lo que piensa, nos ha dicho que muy bien, que todo iba a estar muy bien, que él sabrá que decir a tiempo y hora lo que sea necesario. Jorge le tomo la mano con ambas manos y respetuosidad de compañero de lucha (Que abominable la palabra compañero. Al igual que correligionario, que camarada). Luego lo abrazó, con mucha efusión. Al retirarse nos sugirió que no valía la pena un arma. Demasiados ruidos, las caras se desfigurarían, habría desorden, hay hasta cierto punto una desconfianza general si serían o no serían ellos. Jorge está muy contento, me dio varios besos a la mañana, cuando acepté, me dijo que por fin lo había entendido, que tanto sacrificio y juicio no iba a ser en vano, que la Patria nos necesitaba, y que como una vez el se había puesto al mando, ahora me tenía que poner al mando yo. Besos, el que es tan poco demostrativo. Nosotros íbamos a respetar las reglas impuestas, si como no. Pero de cualquier manera, íbamos a usar nuestra inteligencia. Muchos besos.

Marucha esta casada con un teniente de navío en Francia, que es de lo más buen mozo. Aylén ya tiene su carrera, es una odontóloga prominente y trabaja en los Estados Unidos. Anda rondando por ahí un muchacho que según le contó un General a Jorge, es respetuosísimo y muy católico. Jorgito es doctor, con eso digo todo. Marcos quiso continuar la carrera de su papá y se metió de cabeza al ejército. Jorge trató de desanimarlo por todos los medios, diciéndole : “Mirá lo que me pasó a mi....”, pero Marquitos le contestó : “ Papá, vos dejaste demasiados zurdos vivos...eso no me va a pasar a mí. “ Nuestros hijos son nuestro mayor patrimonio, lo que les hemos dejado a la patria, y también lo único que la patria nos ha dejado, luego de usarnos y tirarnos a la basura. Algunos , como El Almirante, se cambiaron la cara y se fueron del país. Jorge lo detesta por su cobardía.

Creo que hemos hecho un buen trabajo con nuestras hijos, todos son profesionales, firmes y seguros, todos respetan a Dios. Son buenos hijos. Van a saber que hacer.

Seguí caminando por Cabildo hasta llegar a la farmacia. El farmacéutico era un muchacho alto, rubio, con el pelo demasiado largo para mi gusto, que miró la receta trescientas veces, como examinando la firma al pie, y sin hacer mucha bulla, se fue al fondo y me mostró la bendita cajita. Pensé en un momento que no iba a dármela, que me había reconocido, y que había reconocido nuestro plan de matarlos. Conservé la calma, no era bueno andar demostrando nervios a la hora de la ejecución del plan. El farmaceútico me volvió a mirar, y tomó mi dinero, lo metió en la caja, sacó el vuelto, y me saludó. Un caballero, pero yo le cortaría el pelo y lo haría un señor.

Cuando volví para casa, miré los cartelitos que me habían dejado esos pobres chicos. Los leí con detenimiento, creo que por primera vez en mi vida. Había muchas malas palabras, insultándome, insultando a Jorge, incluso a las chicas. Insultando al país. A Dios. A la gente que nosotros amamos, incluso a la gente que dejamos de amar. Se me cayeron las lágrimas, nunca he reprochado una orden de Jorge, y vi que una vez más, estaba en lo cierto. Teníamos que matarlos, para que nosotros pudiésemos vivir. Para demostrar que las muertes que habían sido, ni siquiera habían sido excesivas. Que cierta parte de la población no vale la pena, que la guerra, que la podrida guerra, trae sus muertos. Terminé de convencerme, y subí a casa.

Al subir, Jorge me dijo que ya casi todo estaba planeado, que le faltaba ajustar un par de detalles, y que se iba a encerrar un rato a ver la forma de hacerlo bien, para darles la lección de su vida. Me pidió su tesito de las cinco, con mucha miel, y una ramita de menta. Se lo lleve volando, se pone terrible si no toma su té, el olor de la menta, el té y la miel lo sedan, lo ponen como aquél muchacho romántico y soñador que alguna vez conocí. Aquel muchacho seguro, ya no es este hombre mayor. Hoy está planeando de nuevo. Hoy de nuevo tiene el poder. Hoy me volvií a encontrar con aquél muchacho flaco y narigón y nervioso que no le gustaba a mi tía Marucha, pero que a mí me encantaba, porque tenía encima un plan maestro para seguir a lo largo de su vida conmigo. Hoy volví a amarlo.

Llamé a mamá, y grité mucho porque mami está un poco sorda. Le conté algo del plan, así, por encima. Me dijo que estaba bastante bien, pero que tuviésemos cuidado. Llamé a las nenas para saludarlas, y a eso de las siete sé que Jorge, con su puntualidad pretoriana, va a salir de la oficina, vestido con su uniforme de gala, y yo con mi mejor vestido, vamos a tomar varias pastillas de barbitúricos, con varios vasos de whisky nacional, nos vamos a poner las bolsas del super en la cabeza para ahogarnos mutuamente y vamos a matar al Teniente General Hijo de Puta, a la mujer del Hijo de Puta, y los vamos a transformar en los últimos héroes de la Guerra que hoy va a terminar para siempre....


LA HISTORIA DEL TENIENTE GENERAL.
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